domingo, 26 de abril de 2009

Levedad

Tiendo mis nubes urbanas al Sol,
la paz en mis manos.
Como manzanas verdes de árbol.
Ondean tules y linos colina abajo,
al fondo, en el valle, la casa.
Vuelan las cortinas blancas por las ventanas.
Crestas de lumbre corren por las laderas de la tarde.

Festival de colores y vientos suaves me calman
en esta aldea de una sola casa,
que se lo lleven todo, las brisas.

Silencio de aves, ausencia de transportes.
Caprichos de aire,
aires caprichosos de ojos verdes imposibles.
Fuegos fatuos precipitan otra tormenta.
Arden los silencios, vendavales y portazos.
Que se lo lleven todo
los vientos de Santa Bárbara
.


Huyo a la urbe y me confundo entre asfaltos y escaleras metálicas:
Cuzco, Cuatro Caminos, Moncloa y al final, el parque del Oeste.

El silencio, la quietud prolongada, esa insoportable levedad del ser.
Esas ganas de estallar el mundo:
parque, arena, huerta murciana, torres urbanas.
Muerdo manzanas.
Arde el Sol sobre las aguas del Templo de Debod.

1 comentario:

  1. Escribí en un poema "he estado tan lejos de mis pasos que no he podido acercarme a ningún sitio"...de repente, deambulando por la nada, que es el todo, en una noche de extraña mezcla del presente con la llegada del verano, encuentro a esa dama escondida que siempre amé: la inspiración. Venía de la mano de Nelken Rot, ese nombre extraño que me acercó a Trondheim, que voló por encima de Ostersund, que me depositó en los mares del Norte. Encontré en sus cosas - cosas de letras perdidas y encontradas en medio de los sueños - algunas de mis cosas. Por fin, dejé de amar la libertad a solas. Y, al menos, una noche, pude compartirla.

    Port

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