Me encantaría que mi padre muerto me despertara en un youtube, que me contara qué tal se vive sin ropa, sin hambre, sin desempleo, sin stress; que me contara cómo es la sociedad igualitaria de los ya fallecidos; que me dijera qué echa de menos y cuáles son sus nuevos gozos. Me encantaría que mi padre muerto me despertara en un youtube y me diera instrucciones para arreglar los pinchazos de la vida (esta vez prometo prestar atención o darle más veces al play). Ya aprendí, padre, que no vivimos toda la vida, que ya no podré ver a Javier Krahe en el Clamores, que la vida sigue y nunca sabemos cuándo y quiénes nos quedaremos fuera. Que en un vimeo mi padre me volviera a enseñar a defenderme sola: de las navajas de la calle, de los cuchillos silenciosos del trabajo, a defenderme de las palabras ácidas, las miradas corrosivas y los abandonos. Un padre muerto en el ipad del sueño, galopando padre, sobre la yegua de la vida, un muerto que me hable en tutoriales d...