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Breve historia para no dormir

El desastre de los mercados no entiende nada sobre el desplazamiento forzado de los corazones que querían latir y compartir la vida sin monedas de cambio. Hasta que un día se les oyó, y se les cayó un grito. Sonó: Baaaaasta. Y los mercados se fueron quedando vacíos y chiquitos. En cambio, los corazones empezaron a reagruparse en las calles, felices por el intercambio de bienes sin tasas a terceros. Y cuando despertó el mercado, los corazones ya no estaban allí. Dedicado a los nuevos movientos sociales: la marea verde, el 15m y tantos otros que están sembrando una puerta abierta para volar con una ráfaga de viento.

Conversaciones con la ventana

El árbol ha amanecido despelujado. Apenas quedan las hojas resistentes, las imprescindibles, las que marcan la diferencia entre lo caduco y lo perenne. Yo quiero a mi nuevo árbol, especialmente porque sus ramas empiezan a parecerse a las raíces de un puerro: sin embargo, siguen desafiando al cielo. Arrecia el viento y acaricio con mi mano tibia su silueta deshilachada. Quien dijo frágil, se equivoca. Mi árbol conquista días, horas. Todavía no sé su nombre, es cuestión de aprender a escucharle. Hoy despierta despelujado, soberbio de cara al zumbido del invierno. Te llamarás: Pelujo.

Debajo de mi cama

Hace tiempo encontré un calcetín arrugado que soñaba con volver a viajar en lavadora, centrífugar mares, y rescatar medias. Ahora andaba apagado susurrando hazañas a las pelusas.

La llegada de Florence

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No me dices hola al entrar, tan sólo miras mi piel negra, mis manos grandes. No imaginas que mi piel es suave, que mi corazón es algodón del Sur, que para que yo entre hoy en este ascensor urbano cientos de cuerpos se juntaron en la noche, cientos de manos trabajaron la tierra, y tres generaciones anteriores a mí migraron del campo, que mi abuela también sabía abrir un grifo, y ahora estás aquí mirándome. Veo tus ojos europeos cómo escudriñan mi cuerpo de mujer grande por debajo de tus gafas, probablemente eres miope, de ahí tu proximidad e insistencia. Muestro mi sonrisa, y tu corazón, esponja magullada de alquitrán y humo, comprende. Por fin, sonríes y me saludas. Ahora me siento bien en este ascensor de ciudad gris, orgullosa de mis manos grandes y mi piel café, negra y suave. Ilustración: Carmen Arevalill o

Sunday morning

Perdonen que no me levante dijo Marx una mañana de domingo. Dió media vuelta y siguió durmiendo. Los domingos pueden ser un acicate para reencontrarse con el campo, los níscalos y las amanitas, o bien transformarse en un auténtico festival de la pereza. Por el momento, perdonen que no me levante, me doy media vuelta y ya me despierto luego. A las dos sonó el teléfono móvil: cambio de planes. Viva la improvisación.

Hallazgo urbano

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Las aceras de mi ciudad tienen lunares. Estos melanomas callejeros tuvieron dueños, tuvieron boca. Ahora son sólo un cuadro para los peatones que no corren, que su reloj no se mide en segundos. Transeúntes urbanos a quienes llaman despistados.

Lluvia de verano

No m e gusta correr ni cuando llueve, le dijo Caperucita al bolo. Prefiero detenerme en cada gota, sentir el frío sobre mi cuerpo vivo. Saber que tengo una casa que me espera, que estás con la toalla dispuesto a recibirme. Albergar tus abrazos bajo el agua caliente, reteniendo el tiempo. Jugar por la vereda de tu espalda, reír. Recorrer descalzos el camino hasta saborear de nuevo el hogar hoguera. Nota: si te apetece puedes hacer click en la etiqueta de caperucita y leer otros nanos relacionados. NK

Dibuje el lugar geométrico donde reside su corazón

Vivíamos en la misma calle, me fui. Como residíamos en el mismo barrio decidí no coger el mismo autobús, y desde entonces, me desplazo en bici. Al vivir en la misma ciudad iba cautelosa por la cinta transportadora del aeropuerto. Porque vivíamos en el mismo país decidí no ver la tele para no compartir el mismo telediario. Corazón, cuanto más te huyo más te encuentro, hoy llamo a tu puerta.

Solución imperfecta

Me quitaron un ladrillo para mejorar las vistas, y se me cayó la casa.

Aterrizaje

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Coloco las nubes en el cajón del alma. Extiendo la suerte del mantel donde se come. Bordo y guardo a mis ciento volando junto a las servilletas de tela de los domingos. Cometas de aire que contienen el vuelo de las mariposas. Cierro con cuidado mi cajón con ruedas. Me uno al ciempiés que anda.

Destino

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ll Muitos beijos le dijo la higuera a su sombra ... .. . y dejó caer una de sus hojas .