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La higuera

En urbangarten hay un patio con las puertas abiertas. En el centro, serena, la higuera. Su perfume me envuelve en nostalgias, futuros y momentos. Mis manos tocan su corteza tierna, recorren tronco, perfilan yemas. Mis pies descalzos en la tierra, afianzan mi camino, enraizo mis ideas. Su aroma bien dentro acompañará mis ausencias. Me encapricho con la vellosidad de sus hojas interior lechoso, elixir de Cleopatra. Su ancianidad y sombra ... caricias del tiempo. Devota de la higuera, me prosterno ante ti. En las tardes, en las noches de verano eres mi cobija de estrellas. Tan generosa. Árbol-mujer que recibe brevas e higos sombra y arraigo. Si fuera alcaldesa plantaría higueras en las plazas, en colegios, en los patios de las casas... Así, al llegar septiembre todo sería fácil.

Mi casa

Mi casa es un remanso donde me lleno de oro. Juana de Ibarbourou Reconocida poetisa uruguaya. Más info en: http://amediavoz.com/ibarbourou.htm

A la sombra de un camión

De tanto buscar casa se refugió la gata a la sombra de un camión. No sabía si el camión se movería o no, pero descansaba por un rato. No quería saber nada de gatos, basuras, joyas o robos. Su casa era, por ese instante; reposo, sombra frente al calor, los tejados de zinc quedaban lejos. Por un momento, era la señora de su propia casa, la estabilidad que ofrece la sombra de un camión, sin pertenencias pero con quietud. There was a written note, fallen on the floor, just over the lorry shadow. The cat couldn´t read it, but it said: No furniture, no past. Nothing but the moment, just here & now. Dedicated to the last day of my beloved Pina Bausch

No había ningún reloj en la casa

No había ningún reloj en la casa. Él no era nada constante, pintaba media pared, hacía la comida y leía entremedias el periódico que andaba por el suelo. Su vida era bastante incómoda. Abrió la nevera y se le cayó un huevo, la yema naranja lejos de reconciliar su desorden habitual le trastocó un fusible. Se había haaartado de llegar tarde, de no encontrar nunca el ticket del parking, de no justificar siquiera sus múltiples pequeños desastres. Se haaartó de no ser, sino de estar perdiéndose a sí mísmo constantemente. Desde aquel momento, no empezaría una tarea sin haber terminado la anterior. Se compró un reloj de cuco y le tapó la boca. Y todo por un huevo, pensó.

Sintiendo Sol, siendo centro

Son las tres menos cuarto en el reloj de Sol. Estoy en el kilómetro cero; el centro de todos los centros. Extiendo los brazos en idéntica hora recibo a Sol, pese a la lluvia, estando en centro, siendo mi salvaje centro. La lluvia fría me siente viva. Mi reloj recomienza a andar. Como si fuera la primera vez, me dirijo a estrenar casa por un largo tiempo. Tres menos cuarto, Sol.