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Desde Uruguay con el corazón: Benedetti

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«Te dejo con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres. Sembrando tu confianza, te dejo junto al mundo, derrotando imposibles, segura sin seguro (...) Pero tampoco creas a pie juntillas todo. No creas, nunca creas, este falso abandono. Estaré donde menos lo esperes. Por ejemplo, en un árbol añoso de oscuros cabeceos. Estaré en un lejano horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra (...)». Así se despedía Mario Benedetti en 'Chau número tres'. El uruguayo reflexionaba sobre la relatividad de la ausencia. También ahora es relativa. Como legado deja sus palabras y su forma de entender la vida. LA INFANCIA «La infancia es un privilegio de la vejez. No sé por qué la recuerdo actualmente con más claridad que nunca» . «Es a veces un paraíso perdido, pero otras, es un infierno de mierda». EL APRENDIZAJE «Mi primer trabajo fue en una empresa de repuestos de automóviles, luego 15 años en una inmobiliaria y luego, al periódico —pri...

Lágrimas vivas para Don Mario

Mis niñas, querido Martín. Imagino que en estos días se han ido sumando tristezas; al fin Avellaneda se encontrará en el parque con su autor, un señor muy viejito, encantador. Un romántico consumado, tan amable, siempre con libreta y lápiz. Dicen que publica, pero a Laurita lo que más le gusta es verle escribir. El Sol de primera hora de la mañana les roza el alma cuando se sientan allí en el mismo banco. A mí me encanta observarles en sus rutinas de encuentros, no entiendo los nombres de las calles, los recorridos del día, pero es grato, al caer la tarde, verles charlar animadamente tras los grandes cristales del Café. Y así pasan los días, las estaciones y los años. Da gusto ver a Don Mario tan ágil para su edad, con sus bigotes de literatura pura, sus gafas de artesano del amor. Un placer escucharles en tan alocada conversación de haikus, novelitas con andamios. Ay!!! compañeras, compañero: sabén que podén contar conmigo, no hasta uno, hasta dos o hasta diez sino que sabén que podén...