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Levedad

Tiendo mis nubes urbanas al Sol, la paz en mis manos. Como manzanas verdes de árbol. Ondean tules y linos colina abajo, al fondo, en el valle, la casa. Vuelan las cortinas blancas por las ventanas. Crestas de lumbre corren por las laderas de la tarde. Festival de colores y vientos suaves me calman en esta aldea de una sola casa, que se lo lleven todo, las brisas. Silencio de aves, ausencia de transportes. Caprichos de aire, aires caprichosos de ojos verdes imposibles. Fuegos fatuos precipitan otra tormenta. Arden los silencios, vendavales y portazos. Que se lo lleven todo los vientos de Santa Bárbara . Huyo a la urbe y me confundo entre asfaltos y escaleras metálicas: Cuzco, Cuatro Caminos, Moncloa y al final, el parque del Oeste. El silencio, la quietud prolongada, esa insoportable levedad del ser. Esas ganas de estallar el mundo: parque, arena, huerta murciana, torres urbanas. Muerdo manzanas. Arde el Sol sobre las aguas del Templo de Debod.