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Las barrenderas de nieve

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Os veo subir cuando el cielo blanquea azules. Empujando las madres corajes suben por las cuestas de Hortaleza, hace frío y pese a clarear, decido encender la luz de la habitación. Dos horas más tarde salgo a coger el coche y ellas, pala en mano y botas de plástico en los pies, levantan quintales de nieves sucias, lágrimas negras que pesan como hijos sin padre. Os veo acicalar las calles, borrando rastros caninos, presiento cuando volteais los bloques de nieve vuestros músculos escondidos tras la ropa impermeable y fosforescente. Sonrisas apretadas frente al frío, llueve. Ahí est áis, barrenderas de nieves con trajes de hombres refregando la calle para que no temblemos por miedo a caernos, para que no nos deslicemos en aterrizajes doloridos. Montañas de nieve gris resbalan por vuestras palas para aterir las raíces de árboles desnudos de ramas, tan poca tierra queda en esta gran ciudad. Observo cómo caminais de vuelta reteniendo carros, bajando cuestas, desafío a la gravedad y, ...

Sí, tú y yo podemos

Sí, yo puedo. Nosotros sí podemos. PODEROSO el canto de un pájaro. Sí, tú y yo podemos. Hoy es el mañana que ayer soñamos. Un paso, luego otro. El Tango es cosa de dos. Sí, podemos. La noche insomne con lunares y peineta nos dice: !adelante! La madrugada agarrada hasta las trancas, prendida del Alba, nos invita: Levanta Camina tú y yo, podemos. Cantamos Volemos, somos. Pájaro de alas anchas con sombrero, pico naranja y ráfaga de viento. Volemos: en la tarde en el desayuno salgamos de las oficinas pisemos la nieve, lancemos las bolas al jefe. Unas gotitas de sangre se derraman sobre el ébano de la ventana, la hilandera despierta. Sí, tú y yo podemos. Poderosa, la voz. Un pueblo. Podemos. Variación III. No te detengas. Walt Whitman.