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Mostrando las entradas etiquetadas como prosa poética ilustrada

Aterrizaje

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Coloco las nubes en el cajón del alma. Extiendo la suerte del mantel donde se come. Bordo y guardo a mis ciento volando junto a las servilletas de tela de los domingos. Cometas de aire que contienen el vuelo de las mariposas. Cierro con cuidado mi cajón con ruedas. Me uno al ciempiés que anda.

Están secas las hojas

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Cuéntame los cuentos más largos esta noche. Susúrrame el movimiento de las hojas de otoño cuando suben las escaleras de la salida del metro, cuando el viento azota la cara fría y dicen que hay que seguir avanzando. Cántame la nana más larga ahora y siempre. Deja que el olor penetrante de las natillas recién hechas de madre me inunden bajo las mantas. Invítame a levantarme de esta cama pesada de hojas secas. Lávame las manos que se me caen todas las certezas. Recuérdame donde está cada tecla en mi piano, rásgame esta melodía caída en el alféizar de todas mis ventanas. Límpiame el horizonte que sé que me estoy quedando ciega. Limpia los cristales turbios de estos malos tiempos que no acaban. El largo viaje hacia la noche es un cuento que me desgarra. Dile a padre que no me abandone, que me cuente una y otra vez los misterios ocultos de la vida, que me descubra la belleza del sol y del frío, que me ate a la tierra, que me enrede en este río, que me temple en las noches ...

There´s nowhere for us

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El útero no está preparado para el proceso inverso. Pero ahí estamos legiones de espermas fecundados, la consagración del óvulo y la materia. Hemos vuelto. No es que seamos mal recibidos, tan sólo que ya no hay espacio. Determinados caminos no deberían ser reversibles. Sin embargo, allá vamos en tropel. Otros estiran un poco más la tarjeta de crédito, se quedan más horas en la oficina para garantizar el puesto, niegan el retorno. En este espacio acuoso y emocional las camas son de adolescentes, los armarios no sostienen el peso de un abrigo adulto, la nevera no es la nuestra. Recuperamos la plaza de garaje. El coche, nuestro último tesoro: unidad de espacio definido, propiedad de lo propio. Las televisiones conquistan la cocina, el salón, la habitación de los padres. La 2 no siempre se impone. Ante el agravio no pronunciado nos recluimos en nuestro ordenador, el blog, el facebook. Ya sólo nos queda ganar el poetry Slam e irnos fuera de España, con un poco de suerte, ther...

La piscina vacía

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LOS TRESCIENTOS ESCALONES [...] No ver, no estando ciegos, es hundirse en el tiempo. [...] Papá, perdimos tantas cosas además de la infancia y los trescientos escalones que tú pintaste nunca he sabido si para decirnos que había que subirlos o bajarlos. Ahora pienso, desde tu mano que me ayudaba a recorrerlos, que tal vez me dijiste entonces que había que subirlos y bajarlos y para eso los pintaste y para eso pasaste días enteros pintando una escalera interminable, una hermosa escalera rodeada de árboles y árboles, llena de luz y amor, una escalera para mí, una escalera para que pudiera subir, vivir, y una escalera para que pudiera bajar, callar, y sentarme a tu lado como entonces. Paca Aguirre, poeta republicana. (Nacida en Alicante en 1930) www.minakotasaki.com artista visual japonesa Nosotros no pintamos 300 escalones, tan sólo dos, los pintamos de blanco, primero tú, y años después, yo. Esos escalones de la piscina más que acercarnos al agua nos llevab...

Semillas y enzimas

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Fotografía de Minako Tasaki www.minakotasaki.com He perdido mi cofrecito donde guardo mis semillas y enzimas. Abro una cajita de madera y encuentro unas pequeñas reflexiones que me invitan a pensar: ordeñar una vaca ya no es un oficio es una máquina. Beber leche es un misterio que olvidé cómo procesar. Tal vez, si recuperara las botas de goma, la lechera de metal y volviera al establo, quizá sería capaz de encontrar la lactasa entre los granos de trigo y las miles de plumas de las gallinas, que siempre, inevitablemente, huelen mal. Mis manos son jardineras, y algún día descubriré también la semilla perdida de la paz. Miro los rombos grises de las aceras de mi ciudad y creo que mi infancia fue un sueño: ¿dónde están los gallos de pelea que comían tomates estallados de puros rojos? ¿en qué fuente está el flan de ocho huevos de gallinas de corral? El potaje en puchero, las torrijas de leche, la maicena antes de acostarnos, ¿dónde, dónde están? ¿Existirá un lugar donde se suba ...

Benthe en navidad

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Fotografía de Minako Tasaki http://www.flickr.com/photos/minako375/ Tengo dos ojos uno alegre y otro triste, daltónica en sentimientos, con la alegría de vivir y la tristeza de las corrientes que se lo llevan todo: todo, menos la nube negra de un cromosoma partido. Juego en la bañera de agua caliente, espuma y vapor. Dibujo absorta xx, xy, trazos grandes y pequeños, borro su geografía precisa del vaho de la ventana, sumerjo mis pies grandes, mis manos hábiles bajo la espuma. Me falta el aire, Benthe de algodón y sueño. Desearía meterme en una lavadora, tú y yo y nacer de nuevo. Tengo un ojo triste y el otro alegre, daltónica en el amor, cocinera frustada en la creación. Busco el hilo que te recuerde el reloj, la frontera, la salida. Palpo la palabra, beso el bocado que te despierte del sueño de algodón, y que provoque a tu piel de mantequilla a estirar y encoger la sábana que te cobija. Remuevo la espuma, recuerdo las velas del templo, la luz de la fe que me devolv...

La llegada de Florence

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No me dices hola al entrar, tan sólo miras mi piel negra, mis manos grandes. No imaginas que mi piel es suave, que mi corazón es algodón del Sur, que para que yo entre hoy en este ascensor urbano cientos de cuerpos se juntaron en la noche, cientos de manos trabajaron la tierra, y tres generaciones anteriores a mí migraron del campo, que mi abuela también sabía abrir un grifo, y ahora estás aquí mirándome. Veo tus ojos europeos cómo escudriñan mi cuerpo de mujer grande por debajo de tus gafas, probablemente eres miope, de ahí tu proximidad e insistencia. Muestro mi sonrisa, y tu corazón, esponja magullada de alquitrán y humo, comprende. Por fin, sonríes y me saludas. Ahora me siento bien en este ascensor de ciudad gris, orgullosa de mis manos grandes y mi piel café, negra y suave. Ilustración: Carmen Arevalill o

La falta

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Fotografía de Minako Tasaki Mis pies resbalan como jabón mojado por las piedras del río. Cada canto rodado es una aventura del tiempo. Decidir el camino es cantar en cada salto. Cruzar a la otra orilla es la meta. Miro mi ombligo con asombro, no recordaba haberlo dejado ahí: subir y bajar, entrar y salir del agua. Los músculos se alteran. Son tantas las raíces que se estiran por debajo del agua. Son tantas las dudas que me impiden dar el gran salto. La orilla. Hoy estoy en el centro de la nada. Guardo el rumbo en el bolsillo, el reloj me atrasa. El cielo observa el reflejo de las hojas de los árboles sobre el agua crespa, siento el peso del vestido de piedra de Virginia Woolf. En este río sin vacas, quedo inmóvil, lloro-río a cada paso. Esta mañana desayuné dudas y merendé nubes. Ahora no entiendo a mis pies que balbucean blancos al ras de la corriente. Al otro lado, la orilla. Posteo esta entrada a petición de Toñi. Mil gracias por recuperármela. Cómo me he podido olvidar de la ma...