La visita
Imagen: Esteban Vicente Depositaron cuidadosamente la sal y las partituras debajo de su almohada. Cuando despertó una sonrisa se quedó dibujada en su cara, descalza corrió al piano y tocó. Sus dedos bailaban por el teclado en blanco y negro, sin embargo, la música que desprendían sus manos hablaba de cintas de colores, de árboles que se mecían al capricho de los vientos del sur, de casas con ventanas abiertas y cortinas que volaban como cometas. Pasaron los días y su sonrisa seguía allí, como las teclas que desprendían su mejor tesitura para acompañar el deseo y la convicción de tan magnífica intérprete. Sus pies delgados y descubiertos se movían al compás. Pronto llegaron en autobuses aquellos que andaban inquietos con sus vidas. Al llegar reconocían mensajes ocultos tras aquellas composiciones musicales y transformaban su camino tomando las decisiones más sabias. Todos volvían agradecidos a la fuente primera, allá donde manaba la música más pura, y plantaban mango...