martes, 27 de noviembre de 2012

Diario de cerezas

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Se han caído demasiado rápido
las hojas del cerezo.
¿O será el tiempo que se hundió por el hueco cóncavo del reloj de arena?
Sólo quedan un par de ramas vestidas de amarillo y brochazos desnutridos de bermellón.
Son las que miran al este, las que saludan al sol frío de finales de noviembre,
las hojas que mantienen viva la pulpa de mi corazón.

Echo de menos a Pelujo, al viento gélido y mojado de Glasgow,
a las cuestas resbaladizas y la tempestad de Shakespeare.

Esta vida desde la ventana
desnudándose
reposando lo que fue abundancia sobre la tierra jugosa,
húmeda.

Esta vida pequeña
que contiene todas las mañanas del invierno
que patalea, codea
que se resiste y dice no a la estrechez.

Este deseo mío de mejorar la fuerza de gravedad
de levantar las puertas
de abrir murallas
de correr a favor
de pisar en contra de las hormigas
que se lo llevaron todo.

Me choco contra el cristal y tintinean las hojas rojizas
del final del otoño. Winter is coming!
La nariz se queda fría y el latido oye caer su pulpa
cuando el té golpea la taza de loza, vacía.

3 comentarios:

  1. Buenas,

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    Saludos

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  2. El poema estupendísimo, Vera.
    Un besote gigante.

    Nená

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  3. Gracias por seguir leyendo urbangarten.Un abrazo gigante para ti también Nená.
    ;-))

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