lunes, 3 de octubre de 2011

Cuando dejé de ser inglés



Fue un gran pintor, una excelente persona, y también un excelente pintor, una bella persona. Se instaló de vuelta en la buhardilla de su ex, y conquistó a la bohemia porque a John le gustaba el flamenco jondo, el queso y el vino.

Su paleta desmenuzó el potencial de las escalas de grises, jugó con los fondos blancos como ningún otro artista visual había hecho antes. Buscó a brigadistas, a colonos sin tierra y retrató los paisajes castellanos con la finura inglesa de acuarelas limpias y manchas minimalistas. Sus árboles flotaban en la nada y aunque pintó desnuda a la piconera y a guitarristas con duende, sus obras transmitían la calma zen.

Fue muy querido en el pueblo que le acogió después de abandonar su raíz británica, ésta también quedó suspendida en el aire. Lo que no le gustó de su homenaje es que el Alcalde pidiera vino y queso cuando él nunca nada ofreció.



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