jueves, 4 de septiembre de 2014

Ciclos



Encontrar un corazón de hierba en las aceras de la ciudad,  mientras en los sótanos de los hospitales todo se tambalea, siguiendo el rumor del ruido de los carros repletos de sábanas sucias en bolsas de plástico transparente. La escoria de los hombres y el sistema golpea las paredes mordiendo la pintura que hace años fue blanca. Ahora la pared de aquí desollada por la urgencia nos lleva a preguntarnos cómo serán o habrán sido las paredes frías de hospital en Kosovo o en la ciudad de Gaza. Todo tan desangelado en este submundo paralelo, bajo tierra. Bajo tierra el ruido, la mámpara, las alarmas intermitentes repican en el mapa de lo urgente. 


Arriba, más arriba, la luz, la brisa de septiembre y la brizna de hierba entre las manos de quién se detiene a comprender la trágicomedia del misterio de la muerte y la vida. Al otro lado de las ventanas de cristal no hay plantas, y en el mismo momento que la mano recoge para tocar el corazón de hierba, al otro lado,  alguien dice estamos a la espera de que nos confirmen la falta de hemoglobina.