miércoles, 30 de noviembre de 2011

lunes, 28 de noviembre de 2011

My third poem



To touch the earth

my feet feel

the wet green ground

I smell the sound

to touch the earth.


My hands dig a hole

for my dying cyclamen.

My hands, the earth

the died flower ends.


When I open the green ground

thousands of brownish leaves

will follow

will cover

my dear coloured flower

to touch the earth

to smell the sound

of rebirthing all over again.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Colores que reparan lo irreparable



Huellas magenta y tierra
Huellas de montañas, cielo.
Sueño con acaparar
todas las manos:

las negras,
las asiáticas,
las occidentales
las gitanas
las indígenas
las del Sur
todas
tendidas bajo un mismo sol,
y necesarias
...
Se necesitan
para desactivar las armas,
rehacer el tapiz de paz
en casa,
en la tierra.

Manos
para desobedecer al ciego tirano
DES O B D C er
Necesitamos manos que no acepten el A B C
de lo que Dios, el jefe, el marido,
el economista, el político manda.
Queremos huellas magenta y tierra.
Huellas montañas, dedos cielo.
Manos para querer.
Abrazos
que sostengan el llanto.

Construir castillos, sin soldados,
con todas las arenas.
Sin fronteras.

Repito: necesitamos manos para
DES O B D Cer .
DES O B D Cer a la miseria impuesta.
Necesitamos manos tiernas, magenta
para cultivar campos, pintar palabras, bordar cariños.

Necesitamos colores montaña, manos cielo
para educar a quienes son pequeños
para comprobar que el arco iris está salado,
es de azúcar, y es de todas y de todos.

Necesitamos colores en las calles sin farolas,
pintar sonrisas, bordar la magia: ¿vienes?
Manos tierra, colores montaña, cielo magenta.


Imagen Candela Arevalillo (La poesía nos une)
Dedicado a todas las mujeres.
Y también a los hombres que saben y se hacen querer,
sin fisuras en el tiempo.
25 de noviembre día internacional por el buen trato a las mujeres.

Con las manos no se agrede, se quiere.


sábado, 19 de noviembre de 2011

Amanece

Estoy borrosa, medio dormida.

Aprieto tanto los ojos contra el insomnio

que luego al despertar veo niebla, legañas.


Estoy nublada.

Aprieto tanto los dientes contra el totalitarismo

que muerdo turbia mi voto

sin descifrar

la lista que se acerca

a mi voluntad de Estado público.


Estoy en la calle

alzo al 99 por ciento frente al uno,

frente algunos, que

se jactan de nuevo en la victoria.

Los presiento. Me dan miedo y

no me dan miedo. Los conocemos.


No quiero cerrar mis ojos,

amanece.

No quiero

prestar mis manos a las cadenas.

Me uno a la marea verde,

al 15 m y siembro semillas

de las que todavía no sé su nombre.





Estábamos dormidos, despertamos.
Mañana amanece Sol, de nuevo.
El poder está en la calle.




jueves, 17 de noviembre de 2011

Están secas las hojas




Cuéntame los cuentos más largos esta noche. Susúrrame el movimiento de las hojas de otoño cuando suben las escaleras de la salida del metro, cuando el viento azota la cara fría y dicen que hay que seguir avanzando.

Cántame la nana más larga ahora y siempre. Deja que el olor penetrante de las natillas recién hechas de madre me inunden bajo las mantas. Invítame a levantarme de esta cama pesada de hojas secas.

Lávame las manos que se me caen todas las certezas. Recuérdame donde está cada tecla en mi piano, rásgame esta melodía caída en el alféizar de todas mis ventanas.

Límpiame el horizonte que sé que me estoy quedando ciega. Limpia los cristales turbios de estos malos tiempos que no acaban.

El largo viaje hacia la noche es un cuento que me desgarra. Dile a padre que no me abandone, que me cuente una y otra vez los misterios ocultos de la vida, que me descubra la belleza del sol y del frío, que me ate a la tierra, que me enrede en este río, que me temple en las noches de invierno aunque el calendario diga que es tiempo de hojas secas. Dile a padre que cómo me cuesta reír, que sé que él es el sol de la noche y el incienso de la madrugada.

Cuéntame los cuentos más largos esta noche, que no lo dudes, que hoy, también tengo frío.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Remembrance day






Si me pides que me acuerde recordaré a Gandhi, a John Lennon.

Si quieres que lleve flores las cortaré por la vida, los nacimientos.

Si quieres que invierta y financie plantaré semillas en mi huerto.

A las niñas y niños del mundo les daré canciones, cuentos.


Porque Alicia en el país de las maravillas abre el arco de la paz,

vestir a chavales y chavalas de guerrilla es sembrar patria

y habíamos acordado ser ciudadanos del mundo.


Porque un corazón tierno no debe recaudar inocencia para las armas.

Recordar a los muertos para volver a matar es olvidar el mensaje.


Recorreré los pasos atrás,

pisaré por el Memorial de Berlín con más fuerza.

El legado de las grandes guerras dice:

para que no olvidemos el daño en ambas partes,

para que las armas y la muerte no ganen siempre.


Recordaré a las madres que parieron entre escombros

tras las últimas bombas del final de una guerra.


Si me pides recordar: Gandhi, Lennon, Mercedes Sosa serán mis héroes.

A Benedetti me remito: quien pacifique a los pacificadores, buen pacificador será.



viernes, 11 de noviembre de 2011

Breve historia para no dormir



El desastre de los mercados no entiende nada sobre el desplazamiento forzado de los corazones que querían latir y compartir la vida sin monedas de cambio.


Hasta que un día se les oyó, y se les cayó un grito. Sonó: Baaaaasta. Y los mercados se fueron quedando vacíos y chiquitos. En cambio, los corazones empezaron a reagruparse en las calles, felices por el intercambio de bienes sin tasas a terceros.

Y cuando despertó el mercado, los corazones ya no estaban allí.




Dedicado a los nuevos movientos sociales: la marea verde, el 15m y tantos otros que están sembrando una puerta abierta para volar con una ráfaga de viento.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

El minué de las hojas



Timbre de serpiente es tu nombre, noviembre.
Mes de besos a la tierra recorren tu espina dorsal.

Hojas apegadas en ramas desafían al viento.
Mueren en beso caído de envés y ladera.
Vuela la hojarasca respirando el último sol de invierno.
Fiesta del escorpión y la serpiente, que...
en círculo, noviembre, rastrean los árboles caducos.

Noviembre de hojas en Minué cuidas mi sed de calma.

lunes, 7 de noviembre de 2011

La huida de Morfeo


Pelujo está insomne. Oscilan sus dos últimas hojas, sus moneditas de oro, en la noche pierden su dorado natural y se transforman en sellos opacos sin haz, ni envés, sin cara, sin precio. Las ramas finiiiiísimas, en lo alto, mantienen su compostura. Pelujo tiene una estrella, un lucero que cuida su vigilia. Desde la ventana se observa que viento está dormido, las nubes algodonean la escena aportando un gris blanquecino de fondo.

Las ramas de Pelujo se enredan en la parte media de lo que fue su copa, una intrincada maraña de circuitos de sabia dormida, de caña dura; se entrecruzan una y otra vez hasta dotar a la imagen de una mayor profundidad de campo. Se adivina la presencia de un árbol vecino igual de enmarañado. Aunque en la tierra vive de costado en otra parcela, mira a otra calle, sin embargo en la medida que vamos subiendo del tronco a las ramas une sus dedos con Pelujo y entre los dos esconden a un edificio lejano en la noche.

Pelujo quiere dormir y no me habla: ronronea cuentos, saltea las ovejas repletas de lana caliente en duermevela. Tal vez siente frío y por eso no puede descansar a rama suelta. Decido correr la cortina para arropar sus manitas de madera, calentar su mirada inacabada y que sus párpados cedan al sueño.
Tranquilo Pelujo, que pronto vendrá la madrugada y las horas traerán al sol para calentar tu estancia.



jueves, 3 de noviembre de 2011

Conversaciones con la ventana


El árbol ha amanecido despelujado. Apenas quedan las hojas resistentes, las imprescindibles, las que marcan la diferencia entre lo caduco y lo perenne.

Yo quiero a mi nuevo árbol, especialmente porque sus ramas empiezan a parecerse a las raíces de un puerro: sin embargo, siguen desafiando al cielo.

Arrecia el viento y acaricio con mi mano tibia su silueta deshilachada. Quien dijo frágil, se equivoca. Mi árbol conquista días, horas. Todavía no sé su nombre, es cuestión de aprender a escucharle.


Hoy despierta despelujado, soberbio de cara al zumbido del invierno. Te llamarás: Pelujo.