martes, 30 de noviembre de 2010

En el leve espacio de un coche


Te oigo todos los días. Dices que vives solo y cuentas al parabrisas: ayer, otra vez, me cabreé conmigo mismo. Sigue cantando y relájate.

Tu volante.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Imagino que hay ascensor


Deseo que al abrir la puerta del portal esté el ascensor, ruedo el carrito con la compra a rebosar y me encuentro con los mismos peldaños de ayer. Inspiro y veo a mi madre, a mi abuela yendo a por agua a la fuente, tiro del carro, y esta vez, siento perfectamente de qué carro se trata. Sigo subiendo hasta el siguiente rellano, si tuviera el suficiente dinero no viviría en un cuarto sin ascensor me digo, en seguida, contrarreplico: las determinaciones tienen un precio y el coste a pagar son 128 escaleras de subida y 128 de bajada, la mejor contratación de internet que podrías imaginar, tira.

Busco una salida por el hueco de la ventana, el sol me deslumbra y atisbo los árboles del patio interior: delicias del Madrid de los tejados en cuesta, árboles escondidos tras edificios espigados. No, no me olvido: si intento espirar en los momentos de máximo esfuerzo será más fácil, hay que programar al cuerpo para que se relaje en los momentos de máxima tensión. Dani me dice: imagina que tiras la carga, luego la cogerás con más ganas. Intento subir ligera sobre un peldaño y otro, casi me he finiquitado el segundo rellano, suspiro. ¿En qué momento dije sí a las escaleras?
De camino hacia el tercer piso, recuerdo a Cyro subiendo y bajando los brick de leche de una anciana que bajaba por unas escaleras, francamente empinadísimas. La hospitalidad bahiana viene en mi ayuda en secuencia de color chocolate: si estuviera aquí Cyro me dedicaría a mirar su cuerpo sedoso y sus pies de muelle... No me queda otra, integro a ese muchacho joven y fuerte dentro de mí. Sus piernas rápidas ahora son las mías, y casi llego al cuarto.
Llegamos a la cuarta y última ventana, regalo del cielo de Madrid y, antes del fondo, una casita entre las nubes. Sí, creo que ya que estoy tan cerca de la puerta de entrada que me puedo permitir el lujo del descanso por un minuto, un minuto de sabor a esfuerzo conseguido. Me enfilo como un toro mirando el último tramo de escaleras, subo rapidito enfocada hacia la puerta del hogar. ¿Quién dijo que subir cuestas era un reto?
Finalmente, concluyo: no me gusta subir escaleras cargada, pero me encanta haberlas subido. La llave gira y la casa nos espera en todo su esplendor, al carro y a mí. Viva la alegría de saber llegar a buen puerto. Imagino que mañana tampoco habrá ascensor, pero sé que tengo cuatro plantas para dar rienda suelta a la imaginación, las piernas son sólo poleas de viento.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Fuges de mim


Palabra huyes de mí cuando más te necesito. Mis pies caminan en dirección contraria a mis instintos. Son las doce y media en el reloj de Sol, la figura hierática me dibuja la decisión de permanecer, hace frío. Palabra te encallas cuando te reclamo.

Mis pasos lentos se frenan, mis manos abiertas no son capaces de entregar un sí, de acariciar un ahora sí. Sigo caminando en dirección opuesta. Siento el freno y no vienes en mi ayuda, desapareces palabra. Balbuceo y dudo sobre qué dirección tomar. Niego el valor del momento, apuesto sin querer por las rutinas de los días iguales. No tomar decisiones es decidir.

Veo una sombra en el suelo, es mi corazón en negativo, se abre un agujero, alguien tira un cigarro y tapona la oquedad. Cenizas de un misterio sin resolver. Palabra fugaz te fuiste sin enhebrar mis labios con los suyos.




martes, 9 de noviembre de 2010

Están secas las hojas

Cuéntame los cuentos más largos esta noche. Susúrrame el movimiento de las hojas de otoño cuando suben las escaleras de la salida del metro. Cuando el viento azota la cara fría y dicen que hay que seguir avanzando.

Cántame la nana más larga ahora y siempre. Deja que el olor penetrante de las natillas recién hechas de madre me inunden bajo el calor de las mantas, invítame a levantarme de esta cama pesada de hojas secas.

Lávame las manos que se me caen todas las certezas. Recuérdame donde está cada tecla en mi piano, rásgame esta melodía caída en el alféizar de todas mis ventanas.

Límpiame el horizonte que me siento ciega. Limpia los cristales turbios de estos tiempos que no acaban.

El largo viaje hacia la noche es un cuento que me desgarra. Dile a padre que no me abandone, que me cuente una y otra vez los misterios ocultos de la vida, que me descubra la belleza del sol y del frío, que me ate a la tierra, que me enrede en este río, que me temple en las noches de invierno aunque el calendario diga que es tiempo de hojas secas. Dile a padre que cómo me cuesta reír, que sé que él es el sol de la noche y el incienso de la madrugada.

Cuéntame los cuentos más largos esta noche, que no lo dudes, que hoy, también tengo frío.


Nelken Rot




lunes, 8 de noviembre de 2010

Hay fuegos




La canción de Guadalupe Urbina Hay gente siempre la he combinado con el texto de Galeano El Mundo, son para mí una asociación de ida y vuelta. Me apetece compartir el cocktail con todos los que me leen y dedicar este combinado literario musical a la persona que me acercó de nuevo las palabras de Galeano.


EL MUNDO



Un hombre del pueblo de Neguá; en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

El mundo es eso -reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

(Eduardo Galeano, “El libro de los abrazos”)