sábado, 30 de octubre de 2010

Autodefinido

Pies de aire
corazón nube
boca pétalo
manos arena
ideas viento.
Deseo
raíz tierra.
Pies de aire
corazón cielo
vida fuego.



miércoles, 27 de octubre de 2010

Korazón Reklame


Dejemos al corazón en oferta
en el estante de los congelados.

Que se hielen los instintos
porque están equivocados.

Es peor el silencio,
la huida,
...

Y peor
la duda.



sábado, 23 de octubre de 2010

La llegada de Florence


No me dices hola al entrar, tan sólo miras mi piel negra, mis manos grandes. No imaginas que mi piel es suave, que mi corazón es algodón del Sur, que para que yo entre hoy en este ascensor urbano cientos de cuerpos se juntaron en la noche, cientos de manos trabajaron la tierra, y tres generaciones anteriores a mí migraron del campo, que mi abuela también sabía abrir un grifo, y ahora estás aquí mirándome.

Veo tus ojos europeos cómo escudriñan mi cuerpo de mujer grande por debajo de tus gafas, probablemente eres miope, de ahí tu proximidad e insistencia. Muestro mi sonrisa, y tu corazón, esponja magullada de alquitrán y humo, comprende. Por fin, sonríes y me saludas. Ahora me siento bien en este ascensor de ciudad gris, orgullosa de mis manos grandes y mi piel café, negra y suave.

jueves, 21 de octubre de 2010

Desde Uruguay con el corazón: Benedetti




«Te dejo con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres. Sembrando tu confianza, te dejo junto al mundo, derrotando imposibles, segura sin seguro (...) Pero tampoco creas a pie juntillas todo. No creas, nunca creas,
este falso abandono. Estaré donde menos lo esperes. Por ejemplo, en un árbol añoso de oscuros cabeceos. Estaré en un lejano horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra (...)».

Así se despedía Mario Benedetti en 'Chau número tres'. El uruguayo reflexionaba sobre la relatividad de la ausencia. También ahora es relativa. Como legado deja sus palabras y su forma de entender la vida.



LA INFANCIA

«La infancia es un privilegio de la vejez. No sé por qué la recuerdo actualmente con más claridad que nunca» .

«Es a veces un paraíso perdido, pero otras, es un infierno de mierda».

EL APRENDIZAJE


«Mi primer trabajo fue en una empresa de repuestos de automóviles, luego 15 años en una inmobiliaria y luego, al periódico —primero como redactor del semanario 'Marcha'—; y al tiempo, taquígrafo, porque con un solo empleo no se podía sobrevivir». Pasó de ser taquígrafo del consejo de la Facultad de Humanidades a dirigir un departamento de literatura latinoamericana en la Universidad.



«He trabajado ocho y diez horas diarias en cosas que no tenían nada que ver con la literatura, empecé a ganarme la vida con ella en el exilio».

EL AMOR

«Yo siempre digo que soy fiel, pero no fanático en el amor». En 1946 contrajo matrimonio con Luz López Alegre, su compañera hasta que falleció en 2006 enferma de Alzheimer.

«Si el corazón se aburre de querer, para qué sirve».


«Porque eres mía, porque no eres mía, porque te miro y muero, y peor que muero, si no te miro amor, si no te miro (...)». Son versos de 'Corazón coraza', uno de los muchos poemas de amor que escribió Benedetti.

«Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte como sos. Mi táctica es
hablarte y escucharte, construir con palabras un puente indestructible. Mi táctica es quedarme en tu recuerdo. No sé cómo ni sé con qué pretexto, pero quedarme en vos. Mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros, para que entre los dos no haya telón ni abismos. Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple. Mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites»




LA CONCIENCIA

«Las causas en las que he creído y creo han sido derrotadas, pero yo no me
siento derrotado en cuanto a mis creencias, en cuanto a mis posiciones ideológicas y seguiré luchando por ellas. Sin éxito eso sí. Mientras pueda dormir tranquilo no me consideraré un derrotado total».




LA MUERTE

«Es tarde. Sin embargo yo daría todos los juramentos y las lluvias, las paredes con insultos y mimos, las ventanas de invierno, el mar a veces, por no tener tu corazón en mí, tu corazón inevitable y doloroso en mí que estoy enteramente solo, sobreviviéndote» , versos de 'Ausencia de Dios'.

«Hay que vivir como si fuéramos inmortales».

«Cuando me entierren, por favor, que no se olviden de mi bolígrafo», sentenció en 'El Rincon de Haikus'.

Fuente: http://www.elmundo. es/especiales/ 2009/05/cultura/ benedetti/ album/index. html

Por gentileza de M. Apecech

domingo, 17 de octubre de 2010

Sunday morning


Perdonen que no me levante dijo Marx una mañana de domingo. Dió media vuelta y siguió durmiendo. Los domingos pueden ser un acicate para reencontrarse con el campo, los níscalos y las amanitas, o bien transformarse en un auténtico festival de la pereza.

Por el momento, perdonen que no me levante, me doy media vuelta y ya me despierto luego. A las dos sonó el teléfono móvil: cambio de planes. Viva la improvisación.

martes, 12 de octubre de 2010

La vía muerta despierta

Anoche crucé la línea y me encontré a viejos amigos que se calentaban alrededor de la hoguera, me recibieron con alegría y el pasado se fundió en un mal sueño que apenas ahora recuerdo.

Esta vez cruzar fue como la primera llegada, equilibrando mis pasos con los tacones, que ventajas del tiempo ya no me quedaban grandes. Los collares largos de cuentas rojas, regalos de la hospitalidad Bahíana, me animaban a seguir adelante. Me agarraba a ellos como quien se aferra a su talismán más querido, sin embargo, no mostraba ya ni tan siquiera una pizca de mis miedos. Caminaba segura con mis zapatos rojos de tacón ancho por la línea de acero.

Iba cruzando los railes de mi vida, recuperando el pulso, la dirección. En el bolso llevaba guardado el rumbo envuelto en papel albal para que no se mojara, para que no se me perdiera, para que sonara en las máquinas infrarrojas de la frontera, sabiendo ya que el rumbo no se quita, como quien se despoja de las botas y el cinturón en un aeropuerto, lo siento esta vez ya no. Me operaron de la columna y los sentimientos y ahora tengo que ir siempre con esta bolita de papel albal, ustedes comprenderán que me va la vida en ello. El hombre de la aduana me guiñó un ojo y consintió en que mi rumbo se quedara conmigo al otro lado de la línea.


El caso es que yo ya había soñado a mis pies calzados en altura bambolearse, sin detenerme, sin dudas, sin rozar siquiera las traviesas de la vía férrea. Recordaba el color rojo de mi collar largo de semillas pintadas. Hace años que sentí ese movimiento impreciso de caderas, antes también fui equilibrista con la vida.

Le di la mano al pirata más grande del mundo, le reconocí por su barba de bucanero. Esta vez había recuperado la pierna izquierda, ya no cojeaba, avances de la ciencia supongo. Sus abrazos habían ganado anchura, su pelliza negra de cuero seguía siendo tan protectora como siempre, su botas negras imponentes, esta vez, no me daban miedo. Ya conocía el calor de sus manos, y la profundidad de aquellos ojos color aceituna, ese hombre de aspecto maléfico era mi amigo, me estaba esperando después de tanto tiempo.

Izamos las velas del barco de los sueños: destino a la realidad. Llmámos a toda la tripulación dispuesta a emprender de nuevo viaje, sonreímos a nuestra bandera y desde lo alto del mástil le grité de nuevo al mundo: !la función va a comenzar! Como por encanto o por viento nuevo el escenario volvía a estar bajo mis pies, vi las boquicaras de un público entregado y supe que ya no volvería a dejar jamás mi vocación primera: el teatro.


jueves, 7 de octubre de 2010

La falta


Fotografía de Minako Tasaki

Mis pies resbalan como jabón mojado por las piedras del río. Cada canto rodado es una aventura del tiempo. Decidir el camino es cantar en cada salto. Cruzar a la otra orilla es la meta.

Miro mi ombligo con asombro, no recordaba haberlo dejado ahí: subir y bajar, entrar y salir del agua. Los músculos se alteran. Son tantas las raíces que se estiran por debajo del agua. Son tantas las dudas que me impiden dar el gran salto. La orilla. Hoy estoy en el centro de la nada. Guardo el rumbo en el bolsillo, el reloj me atrasa. El cielo observa el reflejo de las hojas de los árboles sobre el agua crespa, siento el peso del vestido de piedra de Virginia Woolf.

En este río sin vacas, quedo inmóvil, lloro-río a cada paso. Esta mañana desayuné dudas y merendé nubes. Ahora no entiendo a mis pies que balbucean blancos al ras de la corriente. Al otro lado, la orilla.




Posteo esta entrada a petición de Toñi. Mil gracias por recuperármela. Cómo me he podido olvidar de la magia del circo de la mariposa.