domingo, 31 de enero de 2010

Del ir y volver al ir para quedarse

Ya no recuerdo quién fue primero,
pero se fueron todos.

Tal vez fueron Luz y Rodrigo que nos dejaron para habitar un pueblito en la frontera del norte de México. Carina, volvió a su tierra de lluvia y zamburiñas. Cuando se fueron todos los que tenían raíces comenzó el éxodo de los que se criaron en estas calles empinadas y llenas de vida; Manuela se fue a París y muchos otros amigos volvieron a colonizar el extrarradio: primero Leganés y Alcorcón, luego Pinto y también Valdemoro. Así se fueron todos. Esta noche Estela empaqueta su vida rumbo a los mares del Sur, al este Estela en cabo de Gata.

Ya solo queda, qué poco y bueno queda, el marqués de Lavapiés que nos espera en su plaza. Nos cambiaron el Olimpia, peatonalizaron las calles y con cámaras registran la noche y el día. Cuando vuelven de Sevilla dicen que me han visto por Argumosa, mi antiguo mar de terrazas, petas, y malabares, pero es sólo una imagen de la retina confusa. Desde Santo Domingo a Lavapiés muchas noches fui, la maga. Ahora, ya, nos fuimos todos.

domingo, 24 de enero de 2010

Si los árboles hablaran

Anclado en un sol
aferrado a una tierra
sin agua
me estiro cada día
para tocar el cielo,
me estiro cada noche
por debajo de la tierra
buscando alimento.

Veo a mis jóvenes
delgados como hilos
correr furtivos.
La noche se los lleva
al otro lado del Estrecho.

Algún día
mi madera flotará sobre olas bravas
y algún hijo
desnutrido de esta tierra
se aferrará a mi tronco.

Juntos, exhaustos, rozaremos el cielo.
...Silueta de papel que nos desprende...

lunes, 18 de enero de 2010

La pantalla que se convirtió en nevera

Tengo una ventana que me abre al mundo
a veces, reduzco el mundo a una pantalla.

Descalza me lanzo al macworld, al skype
del tripazo sobre la cama resurjo
con mensajes, fotos, amigos, vídeos musicales.

El impulso en esta gran piscina me refresca,
calma mil ansiedades. El salto me expresa.
Click, click, click navego, estoy aquí.
Click, click, click tecleo, luego existo.

A veces, la pantalla se reduce a un spam,
a un ppt que no abre, a un tiempo perdido
que navega. Navego perdida entre pestañas
que no me llevan a nada.

A veces, mi TFT es la nevera que no seduce
el billete de avión con retraso
me cuelga y no descanso.
Descarga dormida me inquietas.

Yo no sé, pero diría que, a veces,
me da sensación de hartazgo, abro
las cuentas como quien abre la nevera llena
y no ve nada.

martes, 12 de enero de 2010

Las barrenderas de nieve


Os veo subir cuando el cielo blanquea azules. Empujando las madres corajes suben por las cuestas de Hortaleza, hace frío y pese a clarear, decido encender la luz de la habitación. Dos horas más tarde salgo a coger el coche y ellas, pala en mano y botas de plástico en los pies, levantan quintales de nieves sucias, lágrimas negras que pesan como hijos sin padre. Os veo acicalar las calles, borrando rastros caninos, presiento cuando volteais los bloques de nieve vuestros músculos escondidos tras la ropa impermeable y fosforescente. Sonrisas apretadas frente al frío, llueve.

Ahí estáis, barrenderas de nieves con trajes de hombres refregando la calle para que no temblemos por miedo a caernos, para que no nos deslicemos en aterrizajes doloridos. Montañas de nieve gris resbalan por vuestras palas para aterir las raíces de árboles desnudos de ramas, tan poca tierra queda en esta gran ciudad.






Observo cómo caminais de vuelta reteniendo carros, bajando cuestas, desafío a la gravedad y, matiz sobre las diferencias de género.

El camino de vuelta está bien limpio. Gracias por levantarme el alma con el lucero de la mañana: subiendo cuestas, tirando del carro. Desde la pendiente de asfalto rozáis el cielo.

domingo, 10 de enero de 2010

Bon jour Alice in LalaLand

Bon jour belle,
mastico tierra y me acuerdo de ti
Alice in LalaLand
resbalo por la nieve cálida de los Jiménez
y encuentro
todas las llaves,
todos los bolsos perdidos,
Alice in LalaLand.

Bon soir,
mágica en el paraguas del tiempo
tan inmadura Alice, sweet heart.

Retrocedo ante las galletas cautivas
que se esconden en el tarro de lo profundo.
Esta vez, princesa, quiero escalar,
derretir laberintos de cristal.

Dejo tus zapatos junto a la almohada
ahora ando descalza como Ariadna,
que duermas bien Alice in LalaLand.